La primera etapa de la vida es clave para establecer las bases de unos hábitos alimentarios saludables. Un bebé es como una hoja en blanco: lo tiene todo para experimentar y vale la pena aprovechar esta única oportunidad para acostumbrarlo a comer alimentos en su estado más natural posible.
Hasta los seis meses de vida, el alimento exclusivo y más beneficioso sin duda es la leche materna. Cuando esta no se puede llevar a cabo por algún motivo, la leche de fórmula será la más adecuada para el bebé. A partir de esta edad, se pueden comenzar a introducir alimentos.
Algunos bebés tienen curiosidad por la comida antes de esta edad y se les puede dejar probar algún alimento, idealmente del grupo de las frutas o las verduras, a partir de los cuatro meses, pero no será hasta alrededor de los seis meses, que se les ofrece comida con más frecuencia para comenzar a alimentarlos. Aun así, se pueden tener en cuenta algunos factores para valorar si el bebé está preparado para empezar a comer:
- Mantenerse sentado: esto indica la maduración del sistema digestivo y su capacidad de masticar y deglutir.
- Ha perdido el reflejo de extrusión: mecanismo natural que tiene el bebé para escupir todo lo que no sea leche materna. Si al darle de comer con una cuchara lo escupe, significa que no está preparado.
- Muestra interés por la comida: se emociona al ver o probar alimentos y es capaz de ponérselo en la boca.
- Tiene la capacidad de decir que no con gestos: es importante para poder hacernos saber cuando ya no quiere más.
¿Qué alimentos pueden comer y cuáles no?
La alimentación de los seis a los doce meses, llamada alimentación complementaria, debe integrar alimentos en su estado más natural posible como frutas, verduras, tubérculos, cereales integrales, legumbres y, en caso de que se consuman alimentos de origen animal, huevos, pescado y carne (priorizando la de aves y de conejo) de la máxima calidad (animales criados en libertad y preferentemente ecológicos).
Es ideal comenzar por frutas, verduras y tubérculos fáciles de masticar (cuando no tienen dientes mastican los alimentos blandos con las encías):
- Naranja, mandarina, pera madura, kiwi, fresa, manzana rallada, plátano, sandía…
- Patata, boniato, calabaza, zanahoria al vapor o hervida, calabacín cocido, brócoli…
Las frutas y las verduras variarán en función de la temporada y lo más recomendable es que sean ecológicas para evitar los tóxicos que contienen los pesticidas.
Los granos y cereales integrales que podemos incorporar entre los seis y los doce meses, cuando lo consideremos oportuno, son:
- Arroz integral, quinoa, mijo, alforfón, avena, centeno, espelta, pasta integral…
Y también legumbres como los garbanzos, las judías o las lentejas, entre otras.
Hay algunos alimentos que se deben evitar durante la alimentación complementaria por diferentes motivos:
Riesgo de atragantamiento:
- Manzana y otras frutas duras enteras o en trozos (se puede rallar o cortarla muy fina).
- Zanahoria cruda o poco cocida en trozos (se puede aplastar o cortarla en tiras).
- Uva, aceitunas, cerezas y otras formas redondas enteras o cortadas horizontalmente (cortarlas verticalmente o más pequeñas).
- Salchicha.
- Frutos secos enteros (se pueden triturar).
- Otras formas redondas y/o duras que pueden resbalar y pasar al tracto respiratorio.
Otros alimentos a evitar:
- Sal: sus riñones inmaduros no están preparados para procesarla y es innecesaria.
- Carne roja: tiene un exceso de proteína y puede ser difícil de masticar y de digerir.
- Lácteos: no son necesarios porque ya se está ingiriendo leche materna y aportan un exceso de proteína. En caso de no tomar leche materna, la leche de fórmula es la más adecuada, ya que contiene los nutrientes que necesitan los bebés y no los animales de otra especie.
- Espinacas, acelgas, remolacha y nabo (hasta los 9-12 meses) por su contenido en nitratos.
- Peces grandes por su contenido en mercurio: atún, merluza, pez espada, emperador. El salmón solo salvaje y de manera esporádica.
- Carne, pescado y huevos poco cocinados.
- Todo tipo de productos procesados: galletas, embutidos, pan refinado, bollería, patatas de bolsa, fritos, panes con aditivos añadidos…
- Jugos de fruta (naturales o envasados) por su alto contenido en azúcares.
- Bebida de arroz y «tortitas» de arroz (altos niveles de arsénico).
- Azúcar, miel (riesgo de botulismo), edulcorantes y otros endulzantes.
Algunos alimentos más propensos a provocar alergias como el huevo, los frutos secos (triturados), las fresas, los melocotones, etc. deben introducirse solos la primera vez y observar si producen alguna reacción.
El agua se puede ofrecer, pero no es imprescindible, ya que su alimento básico es la leche materna (o de fórmula si no puede ser) y ya lo hidrata suficiente.
¿En qué formato damos los alimentos?
Hay diferentes opciones y es importante que cada familia se sienta cómoda con lo que decida.
Una de las prácticas más actuales es el Baby Lead Weaning, que consiste en ofrecer alimentos en su estado más natural posible en trozos para que el bebé pueda agarrarlos con las manos y así, poder comer y experimentar solo. Además, de esta manera conocerá los alimentos reales y será capaz de identificar el sabor, la forma, la textura y el color de cada alimento. Es interesante ofrecer dos o tres alimentos o tipos de fruta diferentes y que él elija lo que más le apetezca en ese momento; ¡de inmediato aprenden a reconocer y a elegir lo que quieren!
Hay que tener en cuenta que, cuando comienzan a comer, a menudo hacen arcadas de manera natural (todos lo hacen) y eso no significa que se ahoguen. Cuando esto sucede, hay que tener paciencia y dejar que lo gestionen ellos solos (normalmente lo escupen o tosen). Intervenir en estas situaciones es contraproducente y podríamos complicar la situación.
El ahogamiento, en cambio, significa que se han obstruido las vías respiratorias y el bebé deja de respirar. Es muy poco frecuente, pero si pasa, hay que estar preparados para hacer la misma maniobra que deberíamos hacer si se ahogara con cualquier objeto (la pueden buscar por internet o aprender en un curso de primeros auxilios).
Cuando les damos “papilla”, la capacidad de experimentar y de reconocer los alimentos se pierde. Aun así, triturar los alimentos también es una opción que puede ser práctica en algunos momentos y evita que los padres sufran por si se atragantan. No es necesario posicionarse hacia un lado o el otro ni hacerlo siempre de la misma manera; se pueden combinar las dos maneras teniendo en cuenta que, cuando damos triturados, no les damos la oportunidad de practicar la habilidad de masticar y, para evitar que cuando les damos alimentos sólidos se los traguen directamente, les deberíamos dar la oportunidad de masticar algún alimento cada día en algún momento. Por ejemplo, para empezar podríamos ofrecerles alguna fruta de las más blandas en trozos por la mañana y por la tarde. Y, al mediodía y por la noche, les podríamos dar patata aplastada, boniato al horno o crema de verduras.
Hasta los doce meses, la base de la alimentación es la leche materna. Por lo tanto, desde que el bebé comienza a comer hasta que cumple un año no nos tenemos que preocupar mucho de proporcionar una alimentación equilibrada a los bebés porque la lactancia cubre las necesidades básicas que no cubre la alimentación. Simplemente hay que dejar que los bebés descubran los alimentos reales que nos ofrece la naturaleza, que experimenten y que jueguen para poder aprender a comer (¡sí, jugar con la comida!). Los niños aprenden jugando y es necesario que les dejemos experimentar los primeros meses de vida. Por eso, habrá que prepararnos con unos buenos baberos, trapos, papel de diario y lo que haga falta para poder dejarlos experimentar sin perder los nervios!
¿Cómo integrar la alimentación de toda la familia?
Además del tipo de alimento que se le da a un niño, para habituarlo a comer saludable, es esencial el ejemplo y los hábitos de la familia. Los niños aprenden por imitación, por lo tanto, la mejor manera de habituarlos a un estilo de vida saludable es con el propio ejemplo. Durante las comidas, padres e hijos pueden comer lo mismo (entendiendo que los padres tienen unos hábitos saludables), no es necesario cocinar comidas diferentes, solo habrá que hacer algunas adaptaciones.
Una alimentación saludable, en cualquier etapa de la vida, está basada en alimentos reales, frescos y con predominio de los alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, cereales integrales, tubérculos, legumbres, frutos secos y semillas. En caso de que se consuman alimentos de origen animal, los más saludables serían los huevos, el pescado y la carne de calidad en poca cantidad. Es recomendable que todos los alimentos sean ecológicos en la medida de lo posible.
Por lo tanto, podemos cocinar lo mismo para unos y otros, pero cocinándolo sin sal (después los adultos se la pueden añadir al plato) y sin los otros alimentos a evitar. Las formas de cocción también se pueden adaptar, utilizando las más suaves como el hervido o el vapor para los bebés.
Hay que evitar tener en casa alimentos procesados, azucarados y con aditivos añadidos. Para días especiales, existen un montón de opciones saludables y deliciosas que se pueden preparar fácilmente en casa sin necesidad de comprar productos procesados.
En el caso de los bebés, se debe tener en cuenta que sus papilas gustativas aún se están desarrollando hasta los doce meses y es importante acostumbrarlos desde el inicio al gusto natural de los alimentos para que, a medida que crezcan, aprecien los alimentos saludables sin aditivos añadidos; si se acostumbran a sabores fuertes, dulces y salados, después será más difícil que valoren los alimentos naturales y que puedan mantener unos hábitos saludables cuando sean mayores.
Finalmente, hay que tener en cuenta que los bebés y los niños/as pequeños/as necesitan comer cuando tienen hambre y no se les debe obligar a comer si no tienen hambre. Por lo tanto, no es necesario acostumbrarlos a unos horarios rígidos y hay que ser flexibles en función de sus necesidades.
Aun así, adultos, niños/as y bebés pueden comer en la misma mesa y crear un ambiente tranquilo, sin distracciones ni aparatos eléctricos para poder comer con conciencia y disfrutar de los alimentos.
Sobre todo, ¡asegurémonos de que los más pequeños están siempre acompañados de un adulto!