Sabemos que tenemos que cuidarnos para tener un cuerpo sano, pero ¿Saber esto es suficiente para que lo hagas?
¿En qué medida priorizas el cuidado de tu cuerpo?
Hola, soy Alba, dietista, PNI y mucho más. En este vídeo voy a compartir contigo lo que para mí son los 5 pilares de nuestra salud física desde una visión integrativa, evolutiva y algo filosófica.
El cuerpo que habitamos es el vehículo que nos permite vivir en este planeta, el medio. Y, como tal, requiere unos cuidados de mantenimiento para que tenga suficiente energía, fuerza, lucidez y un equilibrio adecuado de sus funciones y necesidades. Cuidarlo no solo nos hace más resistentes y menos propensos a enfermar, sino que también nos permite vivir con mayor coherencia emocional, mental y espiritual.
Desde una visión más filosófica o espiritual, el cuerpo es la expresión física del ser, la forma que habitamos, un puente entre mundos. Y no debe tener ni más ni menos importancia que esa. Por un lado, es innecesario aferrarse a lo material y sufrir en exceso por el mundo físico, un mundo que muere y renace constantemente. Por otro lado, tampoco debemos subestimar la forma que nos permite estar aquí, vivir, sentir y experimentar. Debemos cuidarla lo mejor que podamos y sepamos el tiempo que nos queda en este mundo para poder vivir con el mayor bienestar posible.
Los 5 pilares que sostienen nuestra salud física son: un sueño reparador, una alimentación adecuada, una actividad física suficiente, el contacto con la naturaleza y la reducción de la exposición a sustancias nocivas.
Voy a hablarte de ellos de una forma concisa y en otros vídeos profundizaré en cada uno y en otras necesidades del cuerpo humano como el contacto físico, la sexualidad o el masaje.
SUEÑO REPARADOR
El primer pilar que debemos atender con prioridad es el sueño reparador.
Algunos piensan que dormir es una pérdida de tiempo: nada más lejos de la realidad. Dormir es una necesidad básica primordial para mantener el equilibrio de cuerpo, mente y emociones.
Mientras dormimos, el cuerpo no “se apaga”, sino que se activan procesos fundamentales de reparación, detoxificación, regulación hormonal y equilibrio del sistema inmune.
Cuando dormimos poco o mal nuestro sistema nervioso está más activado y podemos reaccionar con más intensidad a situaciones de estrés o tener más dificultad para gestionar las diferentes situaciones del día a día con calma y asertividad.
Hormonas como el cortisol, la leptina y la grelina, que regulan el estrés y el apetito, se alteran haciendo que tengamos más hambre, más antojos y menos capacidad de autocontrol.
En general, las personas deberíamos dormir entre 7 y 9 horas seguidas para tener un sueño realmente reparador y hacerlo en consonancia con los ritmos circadianos, respetando las horas nocturnas para dormir y el día para estar activos. Si lo hacemos al revés, el cuerpo se desajusta y puede enfermar.
Por este motivo, también es importante evitar la exposición a pantallas antes de acostarnos y si tenemos que hacerlo, que sea el menor tiempo posible y con el filtro de luz roja activado.
Ten presente que sin un sueño reparador, ningún otro pilar puede sostenerse en equilibrio.
ALIMENTACIÓN ADECUADA
Una alimentación saludable no es comer soso ni hacer dieta ni contar calorías. Es comer lo que nuestra fisiología espera de nosotros para vivir con salud, energía y lucidez.
Cada alimento que entra en el cuerpo envía señales, influye en la expresión de los genes, modula la microbiota intestinal, la inflamación e impacta directamente en nuestro nivel de energía, estado de ánimo y claridad mental.
Como seres de la naturaleza que somos, nuestra fisiología espera que comamos los alimentos que ella nos ofrece en su estado lo más natural posible, sin mezclas extrañas ni aditivos artificiales.
Desde un punto de vista evolutivo, el ser humano ha vivido la mayor parte de su historia en el paleolítico, donde todavía no había cereales, ni legumbres ni lácteos. Eso no quiere decir que tengamos que eliminar estos productos de nuestra dieta, pero sí que puede ser beneficioso reducirlos o eliminar algunos para algunas personas dependiendo de sus síntomas.
Tan importante es el «qué» comemos como el «cuándo». Nuestro cuerpo no soporta un exceso de comida, no le gusta que le estemos dando comida continuamente porque necesita un tiempo para digerir correctamente los alimentos. Si hacemos una comida completa, el tiempo de digestión puede durar entre 4 y 6 horas. Y este es el tiempo que debería pasar entre una comida y otra cuando esta es completa.
Y no solo es importante el «qué» y el «cuándo», sino también el «cómo«. Comer estresados, con ansiedad, mirando pantallas, trabajando, no favorece en absoluto la digestión. La digestión se activa cuando el sistema nervioso parasimpático está activado, o sea, cuando estamos en un estado de calma y reposo. Cuando estamos en modo activado con el estrés, el sistema digestivo se inhibe. Por lo tanto, la digestión no será óptima si no estamos comiendo con calma. Así que ten presente siempre el «qué», el «cuándo» y el «cómo».
Recuerda que tu comida de hoy es tu salud de mañana.
EJERCICIO SUFICIENTE
Hacer ejercicio físico es necesario, no solo para estar fuertes y en forma, sino para apoyar la regulación metabólica, mental y emocional.
El cuerpo está diseñado para moverse, no para estar sentado la mayor parte del tiempo delante de un ordenador o en el sofá.
En el pasado, la necesidad de comer nos obligaba a movernos, caminando largas distancias, cazando y recolectando. Más tarde empezó una vida más sedentaria, pero todavía activa, cultivando y cuidando animales. Ahora, la mayoría de personas ganan el dinero que les permite comer sentados delante de un ordenador, y eso nos obliga sí o sí a salir de casa o de la oficina para hacer ejercicio y mucho mejor si es al aire libre.
Cuanto más tiempo pasemos sentados, más intenso deberá ser el ejercicio. No es suficiente pasear, necesitamos aumentar pulsaciones y sacar el cuerpo de su zona de confort para optimizar las funciones corporales.
El movimiento regula la glucosa, reduce la inflamación, fortalece huesos y músculos, mejora el estado de ánimo y dispersa preocupaciones.
Es beneficioso compaginar ejercicio de cierta intensidad con actividad física del día a día como caminar, subir escaleras, bailar, estirar el cuerpo o cuidar el huerto.
Recuerda que el ejercicio y la actividad física son el motor de tu ser.
CONTACTO CON LA NATURALEZA
Somos naturaleza y sin embargo vivimos desconectados de ella.
Respirar aire puro, exponernos al sol y relacionarnos con la tierra son imprescindibles para nuestra salud y regulación psicoemocional.
La exposición a la luz solar regula nuestro reloj biológico, el contacto del sol con la piel libera hormonas del bienestar como la serotonina y las endorfinas, y produce vitamina D, muy importante para muchas funciones. Una cosa es regular la exposición para no quemarnos o sobreexponernos, y otra muy distinta es escondernos de él. El sol permite la vida en este planeta y sin él enfermamos.
También se ha demostrado que estar en espacios verdes reduce el estrés y mejora el estado de ánimo. Además, el contacto con la tierra y la diversidad microbiana natural fortalece nuestro sistema inmunitario.
Cuanto más artificial es nuestro entorno, más se altera nuestra fisiología.
Recuerda de dónde vienes y sabrás adónde vas.
REDUCCIÓN DE LA EXPOSICIÓN A SUSTANCIAS NOCIVAS
Tenemos el privilegio de vivir en un mundo moderno lleno de facilidades y comodidades, pero no sin coste alguno.
Químicos, plásticos, aditivos, pesticidas, materiales sintéticos contienen sustancias que afectan nuestra salud, ya sea por su efecto tóxico, cancerígeno o disruptor en el organismo.
Todos los días nos exponemos a estas sustancias a través de múltiples vías, pero podemos reducir esa exposición en gran medida tomando decisiones.
Podemos elegir:
- Priorizar alimentos ecológicos y de proximidad.
- Ventilar los espacios interiores, donde el aire está más contaminado que en el exterior.
- Evitar perfumes y elegir cosmética libre de tóxicos y disruptores endocrinos que alteran nuestras hormonas.
- Minimizar el uso de plásticos y utilizar productos más naturales como el vidrio, la madera, el hierro o el acero inoxidable.
- Evitar ciertos productos de limpieza y utilizar métodos naturales como el vinagre o el bicarbonato.
- Utilizar tejidos de ropa y de casa naturales como el lino, el algodón, la seda o la lana.
- Reducir la contaminación electromagnética, por ejemplo, apagando el wifi y el móvil por la noche.
No se trata de vivir con miedo ni de obsesionarnos, sino de ser conscientes y reducir la exposición a estas sustancias cuando está en nuestras manos.
Cuidar tu cuerpo es un acto de amor y de respeto hacia el ser único, irrepetible y valioso que eres
Si en algún momento sientes que necesitas ayuda o acompañamiento para lograr atender como se merecen los 5 pilares que te he explicado, puedes contactar conmigo para iniciar un proceso en consulta.
Trabajaremos desde una visión integrativa, uniendo alimentación, hábitos, sistema nervioso y contexto para que cuidarte deje de ser una lucha y se convierta en coherencia.
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¡Hasta pronto!