Persona sentada en silencio reflejando el impacto del estrés sostenido en el cuerpo y el sistema nervioso.

Hay un tipo de estrés que puede alterar nuestra salud de forma significativa.

No hablo del estrés puntual que todos experimentamos en determinados momentos de la vida.

Hablo de un estrés mantenido en el tiempo que aparece cuando nos encontramos en una situación dolorosa o frustrante y sentimos que no podemos cambiarla, resolverla o escapar de ella.

Puede ser una relación conflictiva, una situación familiar compleja, una separación difícil, un duelo, problemas económicos o un trabajo del que no podemos salir fácilmente.

Lo que tienen en común estas situaciones no es solo el sufrimiento. Es la sensación de impotencia.

La sensación de que, por más que lo intentamos, nada cambia.

La sensación de estar sosteniendo una carga que no podemos soltar.

Cuando el estrés se convierte en un estado

Nuestro organismo está diseñado para adaptarse al estrés: ante una amenaza o una situación difícil, el sistema nervioso, hormonal e inmunitario ponen en marcha una serie de mecanismos que nos permiten responder y adaptarnos.

El problema no es la activación. El problema aparece cuando esa activación deja de ser temporal y se convierte en el estado habitual del organismo.

Cuando una situación difícil se prolonga durante meses o años, el cuerpo puede acabar pagando el precio de ese esfuerzo constante de adaptación. A este desgaste acumulado se le conoce como carga alostática.

No significa que el cuerpo esté «estropeado». Significa que lleva demasiado tiempo intentando adaptarse a una situación que consume recursos físicos, mentales y emocionales.

Impacto en el organismo

Cuando el organismo permanece durante largos periodos en un estado de activación o colapso, pueden producirse cambios fisiológicos en el cuerpo:

  • El sistema nervioso puede perder flexibilidad.
  • El sueño puede alterarse.
  • La digestión puede verse afectada.
  • El equilibrio hormonal puede verse afectado.
  • Los procesos inflamatorios pueden intensificarse.
  • El sistema inmunitario puede desregularse.

Por eso, cuando este tipo de estrés se mantiene durante meses o años, el cuerpo puede empezar a expresar ese desgaste en forma de fatiga, problemas digestivos, alteraciones hormonales, inflamación, desregulación inmunitaria e incluso empeorando síntomas y otros problemas de salud que ya estaban presentes o latentes.

La falta de seguridad sostenida

No siempre es la intensidad de una situación lo que determina su impacto sobre nuestra salud, sino la sensación de no tener salida o de no poder hacer nada para cambiar lo que está ocurriendo.

La percepción de amenaza, incertidumbre o falta de control puede ser tan relevante como los hechos en sí mismos.

Cuando una persona vive durante mucho tiempo en este tipo de vivencia interna, el sistema nervioso puede oscilar entre estados de sobreactivación y colapso, o funcionar principalmente desde uno de ellos.

En cualquiera de estas formas, lo que se mantiene es una dificultad para encontrar una sensación estable de seguridad interna.

Y sostener esta falta de seguridad durante demasiado tiempo tiene un coste.

El síntoma como punto de encuentro

La salud rara vez depende de una única causa.

La salud y la enfermedad suelen ser el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí a lo largo del tiempo.

El entorno, los hábitos, la genética, las infecciones, la historia vital, los pensamientos y el estado del sistema nervioso interactúan continuamente entre sí.

Sin embargo, cada vez comprendemos mejor que existe una comunicación constante entre el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmunitario.

Por eso, aunque el estrés no explique por sí solo la aparición de una enfermedad, sí puede formar parte del contexto en el que se expresan determinados procesos de salud, contribuyendo a la desregulación del organismo y a una mayor vulnerabilidad fisiológica.

El síntoma puede entenderse como el punto donde confluyen y se expresan estos diferentes determinantes. No como una causa aislada, sino como una manifestación de un sistema en interacción.

En este sentido, es tan importante abordar el origen como el presente, el detonante como la consecuencia.

A veces, buscar una única causa o indagar demasiado en el pasado puede hacernos perder de vista una pregunta que nos orienta hacia la recuperación:

¿Qué necesita mi organismo ahora para recuperar el equilibrio?

Cuando se entrelazan lo físico y lo emocional

Cuando el cuerpo manifiesta síntomas, no basta con abordar únicamente la dimensión emocional; es necesario intervenir también en el estado actual del organismo.

Una vez que aparecen alteraciones funcionales, inflamación persistente, déficits nutricionales, problemas digestivos, hormonales o inmunitarios, el cuerpo también necesita apoyo a nivel fisiológico.

No se trata de elegir entre lo físico o lo emocional, sino de entender que ambos forman parte de un mismo sistema.

Recuperar el timón

Abordaje integrativo de la salud

Desde una perspectiva integrativa, la salud no consiste únicamente en tratar síntomas ni tampoco en buscar explicaciones emocionales para todo.

Consiste en comprender que el organismo responde continuamente a todo lo que vivimos.

Las experiencias vitales, las emociones, el sistema nervioso, la alimentación, el descanso, el movimiento y el entorno están profundamente conectados.

Y cuando el desgaste se acumula durante demasiado tiempo, la recuperación suele requerir una mirada amplia que contemple tanto lo físico como lo no físico.

No se trata de buscar culpables, sino de comprender qué necesita el organismo para recuperar su equilibrio.

¿Cómo te acompaño en este proceso?

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